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DISCAPACIDAD INTELECTUAL Y ADAPTACIÓN SOCIAL

DISCAPACIDAD INTELECTUAL Y ADAPTACIÓN SOCIAL
Autor Documento: 
Amelia Castro Adasme
Cargo: 
Profesora Especialista en Deficiencia Intelectual
Agosto 26, 2010


Las manifestaciones más significativas de la discapacidad intelectual se observan en dos ejes fundamentales: el de las carencias y desajustes cognitivos y en el déficit de la capacidad de adaptación social.

Estas dos manifestaciones se encuentran evidentemente relacionadas, pero dicha relación puede ser interpretada como de causa y efecto o como dos síntomas de una causa común cuya naturaleza puede atribuirse a condiciones orgánicas o a los efectos de condiciones de vida carentes de estimulación afectiva y cognitiva y a veces marcada por la falta de recursos económicos y culturales, siendo lo más probable, la participación de varias de estas causales.

Es evidente que las dificultades cognitivas comprometen la capacidad de aprendizaje de una persona, impidiendo su acceso adecuado a la información del medio, a su interpretación y al desarrollo de respuestas funcionalmente eficientes a las demandas que éste le plantea. En esta interacción permanente con el entorno se van aprendiendo, o por lo menos se espera que ello ocurra, una serie de habilidades y de normas que facilitan los intercambios y que llamamos habilidades sociales, y que ocurre mediante procesos de observación y vivencias cotidianas y/o de actividades intencionales que llamamos enseñanza y que al ser aplicadas regularmente en contextos normales se transforman en competencias.

De ello se deriva el desafío central en la intervención educativa de las personas con discapacidad intelectual, es decir, determinar lo qué debemos enseñarle y seleccionar la manera más eficiente para hacerlo, en cada una de las etapas de su desarrollo.

Ante la disyuntiva sería posible escoger entre dos posiciones o enfoques: estimular la capacidad cognitiva mejorando las estrategias básicas de aprendizaje (enseñándole a aprender), o aprovechar las limitada capacidad de aprendizaje que estas personas tienen, enseñándole directamente las habilidades sociales que más necesita para su integración social, de manera que el refuerzo positivo que logra con un comportamiento adecuado, se transforme en un motor para su mayor progreso y termine por asegurarle la aceptación del grupo y el acceso a formas de vida más normalizada.

Las tendencias actuales, fuertemente impulsadas por la Asociación Americana para la Deficiencia Mental ( A.A.M.R.), se inscriben en la segunda opción, considerando que las habilidades cognitivas adquieren mayor significación cuando su entrenamiento se realiza en función de habilidades que favorecen la integración y la aceptación social de de la persona y han generado un fuerte interés por clarificar el concepto de conducta adaptativa y de déficit adaptativo.

Grossman define la conducta adaptativa como “ la calidad del funcionamiento diario del sujeto, afrontando las demandas ambientales” y el déficit adaptativo como “ limitaciones significativas en la eficacia individual, para satisfacer los patrones de maduración, aprendizaje, independencia personal y responsabilidad social esperados para su edad y grupo social”.

Este autor clasifica las conductas adaptativas básicas en función de tres grandes etapas evolutivas: infancia, niñez - adolescencia y adultez.
Considera que a la infancia o niñez temprana corresponde el desarrollo de habilidades sensorio motrices, de comunicación, de autoayuda y de socialización básica; en tanto que durante la niñez y la adolescencia se deben desarrolla habilidades académicas elementales, como la lectura, escritura, cálculo y conocimiento del entorno, aplicadas a la vida diaria, promoviendo el desarrollo de un nivel de juicio y razonamiento suficiente para el dominio del ambiente y la adquisición de habilidades sociales de interacción en diferentes niveles de complejidad; y que, por último, en la edad adulta corresponderían , esencialmente lograr las ejecuciones y responsabilidades sociales, ciudadanas y laborales.

De acuerdo a estos planteamientos, las dificultades adaptativas que presentan las personas con discapacidad intelectual pueden obedecer a un mal aprendizaje de las habilidades sociales o a la falta de oportunidades para aplicarlas cuando las han aprendido. Si es ese realmente el gran problema, tanto los padres como los educadores, deberían seleccionar los mejores métodos para enseñarlas y trabajar por el logro de cambios culturales necesarios para que la sociedad abra espacios y genere oportunidades que permitan que las habilidades sociales que se logre enseñar a estas personas , puedan ser aplicada frecuentemente, de manera que el fedback producido por la interacción y la aceptación del grupo mejore el sentimiento de adecuación del propio sujeto y permita que las habilidades aprendidas se transformen en verdaderas competencias sociales que faciliten su integración , le aseguren una vida más normalizada, y validen su aporte el crecimiento de todo el cuerpo social.


AMELIA CASTRO ADASME.
Prof, Esp. Educ Diferencial.
Marzo 2002..